Voz e imágenes de mujeres rurales de Ecuador, para un acercamiento a sus realidade
Como parte del proceso de construcción del Atlas de las mujeres rurales, hemos realizado una serie de foto-audios: voz e imágenes de mujeres rurales de Ecuador, para un acercamiento a sus realidades. En esta sección, recogimos algunos de ellos.
El proyecto “Atlas de las mujeres rurales” visibiliza y reconoce el valor de la ruralidad desde las experiencias vitales de las mujeres afro, shuar, manta huancavilca y mujeres campesinas.
Playa de Oro es una comuna afrodescendiente de 76 familias en el cantón Eloy Alfaro, provincia de Esmeraldas. Con el orgullo, la fuerza y la dignidad que les brilla en la piel, las mujeres rurales comparten la historia del amo Valdés y de la lucha de la comunidad para la libertad. Hoy, las mujeres rurales defienden su bosque de la minería, de la deforestación y de las plantaciones de palma que acosan su territorio.
Del individualismo a la vida en comunidad; de la indiferencia a la acción. Para las mujeres rurales, el trabajo comunitario es familia. Un mensaje desde las mujeres de Agua Blanca, Manabí, donde 86 familias conviven con bosque seco, el bosque nublado y el matorral espinoso
Las mujeres campesinas alimentan al país. No vivimos de la minería, ni de las grandes cadenas de distribución, sino de las miles de personas, principalmente mujeres, que cultivan y cuidan la tierra, la semilla, el agua, la biodiversidad.
Un mensaje contundente resalta que las mujeres campesinas ponen la comida en sus medas, además las mujeres están al frente de las luchas por la defensa del territorio.
Desde antes de que amanezca, hasta tarde de noche, las mujeres rurales trabajan sin descanso. Cuidan los hijos e hijas, revisan tareas, preparan los alimentos, suben y bajan de las chakras para sembrar, deshierbar y cosechar . En Ecuador, la triple jornada afecta desproporcionadamente a las mujeres rurales, quienes trabajan en promedio entre 23 y 25 horas semanales más que los hombres.
Los hombres dedican más tiempo al trabajo remunerado, ellas asumen la mayor parte del trabajo no remunerado (labores del hogar y cuidados), superando las 87 horas de trabajo total a la semana.
Esta sobrecarga limita gravemente el tiempo que las mujeres rurales pueden dedicar a la educación, el empleo formal, la participación comunitaria o el descanso.
La felicidad de la infancia en el bosque, jugando en seguridad y libertad es algo que las mujeres rurales recuerdan con nostalgia. Los cerros, ríos y bosques eran espacios de juego libre, aprendizaje y conexión con la naturaleza.
¿Hoy sigue siendo así? Este testimonio no es solo melancolía, sino que nos habla de la calidad de vida en la ruralidad que las mujeres buscan recuperar.