El Río Saloya resiste. La lucha comunitaria en el Chocó Andino para salvar al río de daños ambientales irreparables
De las montañas nacen miles de ríos. Empiezan como pequeños hilos de agua que saltan entre la hierba del páramo, se empozan cerca de las piedras volcánicas, siguen su curso y, a medida que bajan, crecen, engordan y el agua se torna brincona, potente.
Su color es oscuro con penachos blancos de espuma. Y corren, corren hacia abajo. Algunos llegan al mar, otros terminan en enormes llanuras o sencillamente se juntan con otro río para parir otro. Todos los ríos tienen la eternidad del momento. Ninguna agua es igual a la que ya pasó.
El río Saloya resiste y con él muchas personas del Cantón San Miguel de Los Bancos, de la Parroquia Mindo, de los recintos río abajo, en particular, el recinto Saloya, en el noroccidente de Pichincha, territorio del Bosque Modelo Chocó Andino.
El río Saloya es uno de los ríos más importantes de la Reserva de la Biósfera del Chocó Andino, designada por la UNESCO para promover y desarrollar economías socioculturales y ecológicas. Corre por 58,8 km y drena un área de 682,9 km² hasta su confluencia con el río Cinto y luego el río Esmeraldas, para finalmente desembocar en el Océano Pacífico, en la bahía de San Mateo en Esmeraldas.
El río Saloya es la casa de muchas especies como por ejemplo la nutria de río (Lontra longicaudis), la "lisa" (Agonostomus monticola), el mono capuchino (Cebus albifrons) y el tucán azul. En Mindo es el río de la casa, de los afectos y la memoria. Los otros son los ríos para los turistas, el Saloya es el de la familia.
Cuando el río suena…
Todo empieza en el 2023, cuándo el gobierno firma ocho proyectos hidroeléctricos. La promotora de esta ronda es COVALCO, una empresa constructora y facilitadora de servicios a las empresas mineras. La comunidad no fue informada sobre estos contratos.
En el 2024 la gente del río sabía que algo iba a pasar, pero no sabían el qué, el cómo y el cuándo. Los murmullos decían que se iban a llevar el río y en septiembre del 2024 nace el #RíoSaloyaResiste, un colectivo ciudadano. La sala comunal de Mindo fue el espacio de la reunión. En octubre 2024, en el marco del tercer festival Río Saloya, la gente empieza a dimensionar mejor la amenaza que se cierne sobre el río.
El 26 de noviembre de 2024 se presenta la acción de protección en el juzgado de San Miguel de los Bancos. La comunidad nunca recibió información y nunca fue informada. Entre enero y abril se realizan algunas audiencias judiciales cuyo veredicto es realizar un peritaje al río Saloya y a la zona de captación, acción que nunca se realizó. El 8 de noviembre de 2025, en el marco del cuarto festival Río Saloya, se conforma el colectivo #GuardianesDelRíoSaloya. Para el 4 de diciembre el juez de la causa decide visitar la zona afectada con los abogados de ambas partes para verificar la información del estudio de impacto ambiental y las posibles afectaciones a las personas involucradas. El 2026 arranca con un mes de enero pesado ya que el día 30 se realiza otra audiencia cuya sentencia final falla a favor de la constructora COVALCO.
¿Quién se quiere llevar el río?
Estefanía Jácome, una de las defensoras del río Saloya, arquitecta y moradora de Mindo, me cuenta:
“Nuestro río es súper limpio, es prístino. Es un lugar maravilloso, pero se lo quieren llevar. Quieren desviar el lecho del río por 20 kilómetros para alimentar a una hidroeléctrica que, según COVALCO, alumbrará al país, pero en realidad, alumbrará la minería. Quieren soterrar el agua en un túnel, dañando el río y transformarlo en un riachuelo”.
En esta lucha se sumaron el presidente del GAD parroquial de Mindo, Fernando Arias, y el concejal Klever Armijos:
“Hicieron todo sin consultar a la comunidad. No les convenía, Mindo es rico en diversidad. Las afectadas son muchas comunidades y a ellos no les interesa. Nuestra demanda se basaba en el hecho que no han realizado la consulta ambiental”.
Andrea Carolina Encalada Romero, experta en temas de ecología de ríos y docente de investigación del Colegio de Ciencias Biológicas y Ambientales de la Universidad San Francisco de Quito, en el texto que ha presentado como amicus curiae, afirma:
“Una preocupación adicional radica en el diseño del proyecto, específicamente en el punto de captación del caudal del río Saloya y su posterior transferencia hacia otra cuenca hidrográfica (la de los ríos Guajalito y Mulaute). […] Es fundamental destacar que el río Saloya es uno de los ríos más importantes de la Reserva de la Biósfera del Chocó Andino, designada por la UNESCO para fomentar economías socioculturales y ecológicas sostenibles.
El trasvase hacia otra cuenca hidrográfica representa una intervención que contradice los principios de sostenibilidad. Este proyecto alteraría de manera significativa los ecosistemas saludables del río Saloya aguas abajo del punto de captación. La disminución drástica del caudal tendrá impactos severos en los procesos ecológicos locales”.
El abogado Ramiro Ávila en su amicus curiae reclama el derecho del río Saloya a ser considerado como un sujeto de derecho y que se debe aplicar el principio de precaución, la acción de protección y las medidas cautelares para finalmente reflexionar:
“Desde mi conciencia ecológica, estoy convencido que vale más proteger la naturaleza que nos nutre y que es a largo plazo, que proyectos económicos que podrán enriquecer a alguna gente pero que son a corto plazo y con consecuencias fatales para la naturaleza y las comunidades”.
Ningún argumento ha convencido al juez que ha dictaminado que el pueblo de Mindo ignora lo que está pasando y no conoce nada de cómo se está trabajando, mientras que la empresa y el Ministerio de Ambiente y Minas saben perfectamente como deben actuar. La sentencia ha sido apelada y habrá más capítulos en esta historia.
Para que los que nos siguen entiendan lo que hicimos
La lucha por el río Saloya es posible gracias a la perseverancia de los mindeños, de los habitantes del cantón San Miguel de los Bancos, de los guardianes de las aves, de todos y todas quienes han dado su grano de arena. CEDENMA apoya con la asistencia legal. El camino para adelante no es fácil, explica Estefanía Jácome:
“Debemos reforzar la campaña de comunicación y fortalecer nuestra participación en esta larga maratón. Recuperar fuerzas y seguir, aunque a veces me canso, quiero llorar. Los niveles de conciencia y compromiso son diferentes. Luego me acuerdo de mi bisabuela que era analfabeta. Le prohibieron aprender a leer y escribir. Ella, obstinada, aprendió en secreto y por castigo la casaron a la fuerza con apenas 14 años. Yo, su bisnieta, soy arquitecta, se leer y escribir. Aunque no vea el final, yo seguiré esta lucha. Para que los que nos siguen entiendan lo que hicimos”.
Sembrar agua es cosechar vidas que aún están por venir. El río Saloya tiene posibilidades de salvarse, si cada uno hace su parte. Nadie se salva solo.
Por: Giovanna Tassi