El implante. Reflexiones sobre la visita de Lavinia Valvonesi a La Mena en Quito.
Por Giovanna Tassi.
Foto: Radio Pichincha.
Lorena Cabnal, feminista comunitaria territorial, indígena Maya Q’eqchi’ y Xinka de Guatemala, afirma que el cuerpo de las mujeres es el primer territorio que hay que liberar, pero al mismo tiempo es un espacio de opresión.
El vientre de las mujeres siempre ha sido un territorio político. En ese espacio se fraguaban alianzas geopolíticas para sellar pactos internacionales, se mejoraba la raza (el experimento de Hitler con las mujeres nórdicas para alcanzar la raza aria), se usa la violación como arma de guerra para limpieza étnica (la guerra serbo-croata), se practíca la esterilización forzada (Fujimori-Perú 1990; Estados Unidos de Norte América en 1969 con pueblos nativos entre ellos los Navajos; 1976, Canadá la misma política; Israel y las mujeres etíopes), y donde se lo controla para evitar que nazcan más pobres.
Lorena Cabnal continúa explicando que el poder (sea el colonialismo, el patriarcado o el Estado) ejerce su control en dos niveles: sobre el territorio-tierra (el extractivismo, la minería) y sobre el territorio-cuerpo (la violencia sexual, el control reproductivo).
En octubre 2025, Lavinia Valbonesi, esposa del Presidente de la República, anunció a través de sus redes sociales que se iba a trasladar a un barrio del sur de Quito (La Mena), para la colocación de implantes anticonceptivos para prevenir embarazos precoces no deseados. Dicho así, suena cheverísmo, open mind y muy moderno. Pero la semántica te dice que detrás de esas palabras podemos visualizar otra trama. El traslado de la primera dama, símbolo del poder que “visita” la periferia vulnerable, transforma el derecho a una política pública de prevención de embarazos adolescentes y planificación familiar en un acto de caridad o ayuda personal haciendo que el Estado se desentienda y “encargando” la solución a la primera dama.
La solución
El recurso técnico del implante es la solución más fácil para cumplir sin cumplir. Es decir, se pone el implante a las usuarias y, “por arte de implante”, durante tres a cinco años se tiene controlado el problema “de los embarazos precoces no deseados” sin resolver las causas estructurales. Ergo el implante es el fetiche para controlar el territorio-cuerpo de las jóvenes.
En Ecuador los embarazos hasta los 14 años son violaciones y las estadísticas nos ubican como el segundo país latinoamericano con el mayor índice de embarazos adolescentes. Aproximadamente uno de cada cinco partos, en hospitales públicos de Ecuador, corresponde a una madre adolescente.
El implante ahorra las campañas de concientización, perpetúa el rol del hombre que en la relación no se cuida, no se pone el preservativo porque la chica “no se queda embarazada”, y favorece el incremento de enfermedades de transmisión sexual. El implante controla el resultado (el embarazo) pero no las causas. Pero sí, controla a las mujeres pobres que son el problema y no las reconoce como sujetas de derechos.
El implante refuerza la idea de la pobreza heredada a través de la reproducción y entonces regula el cuerpo de las mujeres. Y la visita de Lavinia Valvonesi, como diría Lorena Cabnal, es una intervención territorial donde el poder central ordena la natalidad sin entregar recursos al territorio. Llega para disciplinar y ordenar las estadísticas. Es la solución más barata que fomenta la injusticia de la redistribución (Nancy Fraser) versus la solución técnica del Estado. Las chicas reunidas para recibir a la primera dama y al implante son las los objetos de esta decisión que finalmente las invisibiliza y, como dice Gabi Guerrero Idrovo,: “Cambia los derechos por benevolencia y ser agradecida. Lavinia Valbonesi ejerce el poder patriarcal desde la dulzura y envuelto en ternura”, en una suerte de “colonialismo emocional que es mucho más efectivo que el autoritarismo”.
La Constitución vigente, en el capítulo sexto sobre los derechos de libertad, en el art. 66, numeral 10 dice: "Se reconoce y garantizará a las personas: El derecho a tomar decisiones libres, responsables e informadas sobre su vida, su sexualidad y reproducción, y a decidir cuándo y cuántas hijas e hijos tener."
El implante y la visita de la primera dama atentan directamente a este derecho.